En un rincón de Eternia con playa, sol y horario de siestas, se alzó un héroe para defender el honor de toda una nación. No necesita a Grayskull: le basta con levantar la Copa del Mundo bien alta y rugir aquello de «¡YO TENGO EL PODER… y la estrella!».
Melena al viento, barba de leyenda, pecho descubierto y el escudo de La Roja donde antes iba la armadura. En una mano, la espada mágica; en la otra, el trofeo que hizo llorar a media Península. De fondo, rayos azules de puro poder (o de euforia, que a estas alturas ya no se distingue).
Ni Skeletor, ni el VAR, ni una tanda de penaltis pudieron con él. Medio bárbaro, medio seleccionador, cien por cien leyenda.
Póntela y conviértete tú también en Campeón del Universo. Por el poder de La Roja. 🦁






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